Escarlatina

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Enfermedad endémica o epidémica, propia de la infancia, producida por estreptococos pertenecientes sobre todo al tipo A de Lancefield, los cuales, al liberar su toxina eritrógena, determinan el cuadro clínico. El contagio se produce, por gotitas suspendidas en el aire y que emanan de la respiración de los enfermos (ya que los gérmenes moran sobre todo en la faringe); por las secreciones purulentas (cuando hay complicaciones de este tipo); y por objetos contaminados por los enfermos, los alimentos (la leche), etc. El agente etiológico de la escarlatina, al contrario de lo que se creyó durante mucho tiempo, no se encuentra en las escamas cutáneas de los enfermos.

 

Cuadro clínico: 

Incubación de 3-6 días. La enfermedad consta de un primer período prodrómico muy breve, consistente en fiebre brusca y elevada, escalofríos, vómitos y en niños pequeños incluso convulsiones, enantema, angina folicular acompañada de disfagia y la lengua aframbuesada. Al final del primer día o al principio del segundo, comienza el período exantemático : brota una erupción de máculas rojo claras muy pequeñas que luego se hacen de un color muy vivo y que surgen sobre todo en el tronco, axilas e ingles, respetando el triángulo peribucal de Filatov.

 

Duración de la enfermedad:

De 2 a 3 semanas, en analítica sanguínea Leucocitosis con polinucleosis; corpúsculos de Doehle en los neutrófilos.

 

Complicaciones:

Angina de Ludwig, otitis media (en el 15% de los casos), reumatoide escarlatinoso, miocarditis; en la tercera semana, puede aparecer la segunda enfermedad escarlatinosa caracterizada, generalmente, por fiebre, linfadenitis y glomérulonefritis aguda difusa.

 

Tratamiento:

Los antibióticos no son, en modo alguno, capaces de anular el efecto de la toxina eritrógena, casi siempre liberada ya en abundancia desde los estreptococos en el momento de su aplicación. En cambio, consiguen una rápida eliminación (en dos o tres días) de la flora estreptocócica ubicada en la faringe, con lo cual mejoran todos los síntomas causados por dichos gérmenes (fiebre, mal estado general, angina, etc.); por la misma rezón disminuyen intensamente las fuentes de contagio (actúa también eficazmente sobre portadores sanos) y, lo que tal vez tenga la máxima importancia, reducen de manera importante a frecuencia de complicaciones escarlatinosas; así, por ejemplo, la frecuencia de la glomérulonefritis disminuye desde un 15% en los enfermos no tratados con antibióticos, a un 1-2% en los tratados.

A tantas ventajas no les falta algún pequeño inconveniente, fácilmente subsanable, pero de gran importancia práctica. Posiblemente a causa de que los procesos inmunitarios en los enfermos tratados con antibióticos no tienen tiempo de realizarse con tanta intensidad como en los no tratados, o tal vez por otras causas, aquéllos sufren con mayor facilidad los procesos de súper o reinfección, por lo cual es muy importante, una vez cesada la antibioterapia, aislarlos rigurosamente de cualquier posible contacto con otros enfermos (hecho que tiene gran importancia sobre todo en los hospitales).

Cuando se termine de administrar el antibiótico, es necesario desinfectar todos los utensilios y la habitación del enfermo, hacerle tomar un baño o ducha y cambiar la ropa diariamente. De este modo disminuyen mucho las posibilidades de una reinfección.

 

Profilaxis:

El sentido profiláctico ha perdido preponderancia, dado el curso benigno de la infección desde la introducción de la antibioterapia. Pero puede realizarse mediante vacuna o la toxina escarlatinosa. La primera una combinación entre vacuna y toxina y la segunda, con toxina atenuada. 

 

 

 

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