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Enfermedad
infecciosa aguda, exantemática,
de aparición invernal y producida por la bacteria Rickettsia prowazeki.
El agente transmisor es el piojo.
Cuadro
clínico:
Incubación
de 7 a 14 días.
Pródromos
-1-2 días- malestar, quebrantamiento general. Comienzo súbito con
escalofríos y fiebre alta.
Fase preeruptiva:
-3-4 días-; estado tífico, cefalea intensa y
fiebre alta.
Fase exantemática:
un solo brote pápulomaculoso,
después petequial,
que se extiende por todo el cuerpo, con excepción de la cara y la
región cervical. Enantema
en la cavidad bucal. Gran estupor, sordera nerviosa, disartria y, a
veces, alteraciones bulbares (bulbo raquídeo).
Hacia el 10º día, momento crucial de la enfermedad, o bien el
enfermo empeora con presentación de coma y muerte consecutiva, o
bien empieza a mejorar de una manera definitiva.
Esplenomegalia,
Leucocitosis
moderada con neutrofília
y linfopenia.
Duración de la enfermedad, de 14 a 16 días.
Diagnóstico
biológico:
Seroaglutinación de Weil-Félix, reacción de fijación
del complemento.
Normas higienicodietéticas:
Debido
a los cuidados a que se ha de someter al enfermo, es siempre
aconsejable el ingreso en hospital. Reposo en cama con cambios
frecuentes de posición para prevenir la neumonía hipostática y la gangrena cutánea,
sobre todo si se trata de enfermos ancianos. Bolsa de hielo en la
cabeza. Vigilancia constante en caso de delirio para evitar
traumatismos. Si
en enfermo conserva bien el sensorio, se alimentará con dieta
líquida o mixta ligera. En la fase pre y comatosa -con los
tratamientos actuales no se llega nunca a ella- se administrarán
sueros glucosado y salino por todas las vías. Son
eficaces los antibióticos, por lo que ha cambiado radicalmente el pronóstico de esta
enfermedad. Se
tratará paralelamente toda aquella afección colateral como la
insuficiencia circulatoria, el delirio
y la inquietud, la neumonía,
la azotemia hipoclorémica (cloro bajo), la neuralgia y la tos
refleja. No debe descuidarse la administración de vitamina B
-factor nervioso- y vitamina C -factor hemorrágico- durante
todo el proceso de la enfermedad. Profilaxis: El
principal objetivo será la destrucción de los piojos pedículus
capitis (de la cabeza) pero fundamentalmente de los pedículus vestimentae (de la ropa). La primera
medida será aislar al enfermo y proceder a su desparasitación de
sus vestidos, ropa de la cama y vivienda, precaución que se
extenderá a todas las personas que hayan tenido contacto con él o
del entorno. Las ropas se harán hervir durante varios minutos, o en
autoclave, o se fumigarán con insecticidas específicos contra
estos parásitos. En
épocas de epidemia se procedía a despiojamientos colectivos de la
población. Un enfermo despiojado es inofensivo; la sangre del
paciente es contagiosa pero no la orina y el esputo. La Inmunoprofilaxis se
lleva a cabo con el empleo de vacunas con gérmenes muertos o
atenuados. Antiguamente se utilizaban tres tipos de vacunas, las de Weigl, Cox y Castañeda.
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