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Enfermedad
exantemática,
provocada por un virus,
propia sobretodo de niños menores de 10 años, y muy
contagiosa. La transmisión se produce por vía respiratoria a
través de gotitas suspendidas en el aire provenientes de la saliva
de los enfermos. El virus causante es el mismo del herpes zóster.
Tras
14-16 (21) días de incubación y sin pródromos, se presenta una erupción, en ocasiones muy pruriginosa, consistente en
máculas que
se convertirán en pápulas, para terminar en vesículas que
curarán tras un período de costra.
Se
acompañará el proceso con escasa fiebre o sin ella. Tras el primer
brote eruptivo se presentarán otros varios, de tal modo que la piel
presenta los elementos eruptivos en diversas fases de evolución,
esto es, durante la fase eruptiva existirán simultáneamente máculas, pápulas, vesículas y costras.
Existen
formas graves -muy raras- gangrenosas o pustulosas.
Complicaciones:
Sobreinfección
secundaria de las vesículas, otitis, bronconeumonía, neumonía;
menos frecuentemente, nefritis,
mielitis, meningitis y meningoencefalitis,
orquitis (ésta muy rara vez).
Los
antibióticos son ineficaces contra el virus pero pueden ser de gran
utilidad en presencia de infecciones secundarias. La terapéutica
consistirá, por tanto, en la aplicación de medidas generales y en
el tratamiento de las complicaciones, como la supuración o tendencia a la
misma. Para
evitar que pase inadvertida una eventual nefritis oculta, es
necesario examinar, antes de dar de alta al paciente, la orina
(albúmina, en caso de duda el sedimento urinario) y medir la
presión arterial. El
resto de complicaciones se abordarán con un tratamiento
sintomático y selectivo. Profilaxis: La
inmunización pasiva con el suero de convalecientes o la globulina
gamma, es poco segura y, por tanto, la profilaxis se efectuará
aislando al paciente hasta que hayan curado del todo las
eflorescencias. Por otra parte, no hay que preocuparse mucho de
ello, pues la afección es muy benigna.
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